El Instituto Parroquial Jesús en el Huerto de los Olivos quiere verse reflejado en todo aquello que su nombre señala:
- INSTITUTO: porque es en sí una “regla que prescribe un método enseñanza y de vida” y lo hace a través de la capacitación de los que concurren a él.
- PARROQUIAL: porque pertenece a una comunidad de fieles que profesan la fe católica y que bajo la guía de un pastor, el párroco, busca vivir su fe en el aquí y ahora.
- JESÚS EN EL HUERTO DE LOS OLIVOS: porque invita a reflexionar no sólo en la persona de Jesús, sino también en un momento singular de su vida. Un momento caracterizado por el sufrimiento, la aceptación amorosa del mismo en un clima de íntima relación con el Padre a través de la oración, en compañía de sus amigos y preparándose para la Vida oculta detrás de la cruz.
Esta reflexión es la que nos ha llevado a enunciar las ideas rectoras de nuestra acción educativa:

Compartimos el empeño educativo de la Iglesia Católica que consiste en formar personalidades fuertes capaces de descubrir, a la luz de la fe, que están llamadas a vivir una vocación específica entendida como un deber de servicio y de responsabilidad hacia todos los hombres.

Creemos que el hombre es persona, y como tal, un ser singular, racional, libre, llamado a perfeccionarse en la sociedad y con una apertura a lo trascendente.

Nuestro Instituto se define por su referencia explícita al evangelio de Jesucristo como el que enseña a discernir los valores que hacen al hombre de aquellos que lo degradan.

Propiciamos un tipo de enseñanza que concede especial atención al contacto directo y personal con el educando y que difiere de cualquier otro, fundamentalmente, porque no sólo se propone como fin una simple adhesión intelectual a la verdad religiosa, sino también el entronque personal de todo el ser con la persona de Cristo.

Deseamos que nuestro Instituto se convierta en el ámbito donde pueda desarrollarse la vocación educativa con mayor libertad y profundidad según las posibilidades de cada uno, y donde sea posible crear un clima que ayude a los educandos a vivir su fe de una manera más madura.

Para que esto se logre, buscamos educadores preparados en su propia disciplina y dotados además de sabiduría cristiana, que transmitan a los educandos el sentido profundo de lo que enseñan y los conduzcan al corazón de la verdad, de manera tal, que no sólo presenten un saber que adquirir, sino también valores que asimilar.

Educadores que realicen una tarea que encierra una insoslayable profesionalidad, pero que no se reduzcan a ella, sino que la sobreentiendan, como un aspecto de su sobrenatural vocación cristiana. Una identidad vocacional que afecta toda su persona y que no alcanza su plenitud sino en cuanto vivida.

Buscamos educar en la fe, una fe que se asimila a través del contacto con personas que viven cotidianamente su realidad en el seno de una comunidad y que, con alegría y convicción, ofrecen a los jóvenes educandos la oportunidad de aceptar y vivir los principios y los tesoros de la verdad, la caridad y la esperanza cristiana.